LA BURBUJA DE LUZ
I
El gigantesco navío espacial ingresó al nuboso, esférico y delgadísimo manto atmosférico que abraza protectoramente al verde azuloso planeta. Sigue una trayectoria que apunta al centro de la flotante, móvil y rotante masa. En la medida que se hunde en las nubosas capas se vuelve cada vez más incandescente. Deja, tras de si, una larga estela, como un feo y sanguinolento arañazo en un fondo azul, la que es seguida por brillantes fragmentos rojizos que se desgranan en la combada bóveda del firmamento. Si, para los tripulantes provenientes de quizás que remotos confines del universo, el fin de viaje se ha transformado en un infierno. Pero el más mínimo error en el cálculo del ángulo de ingreso de la nave a la atmósfera puede originar una tragedia. Desde las verdes anaranjadas colinas de la superficie de Ulsthar, ajenos al drama que ocurre en el interior de la nave, miran expectantes sus habitantes. Para ellos es uno más de los variados y llamativos fenómenos que de vez en cuando regala la naturaleza. Pero sus propias aflicciones ensombrecen la extraordinaria visión que rasga rauda el cielo verde azuloso. Pronto la nave y su estela de fragmentos se vuelve un brillante rayo de luz blanco que, por ángulo de declive, impacta el picacho de la mas alta cumbre que proyecta ya oscuras sombras sobre el gran valle. Una inmensa burbuja de luz , jamás vista, en la cúspide de la montaña es el triste epitafio de quizás que osados viajeros. Pulsátil y replicando la blanca luz de su sol, Uoc, alteró todas las sombras del valle. Permanece largo tiempo posada en la alta montaña, despertando en los habitantes, en la medida que se desvanece con súbitos fulgores rojo vivos, temores intensos e irracionales que, como una gran nube, van cubriendo todo el valle.
II
El pequeño pueblo de Ngye, nomade las más de las veces, formó campamento en un remanso de las anaranjadas aguas del gran río, Ka, que atraviesa el sumergido valle. Es un pueblo de costumbres ancestrales las que se nutren de la practica, en un gran fogón comunitario, de la cena del pan y del vino. También esta la colecta estacional de flores de medianoche o el descifrar, de la bóveda estrellada, los enigmáticos mensajes ocultos junto al solemne ceremonial de los ya muertos y así tantas tradiciones más que, como gran telaraña, unen vivencias y sentimientos singularizándolos y permitiéndoles construirse a un ritmo de tiempo compartido. Aún así veladas críticas junto a la cada vez mayor autoexclusión de las actividades y festividades típicas han venido marcando la pauta de los últimos tiempos. En esta móvil comunidad, Mois es el guía tradicional del grupo, por su acertada reflexión y opinión. Estas sin embargo, no han logrado atenuar el irresistible decaimiento de las viejas tradiciones, más aún cuando desde algún tiempo privaciones y amargas dificultades han puesto en duda lo que parecía un claro vivir. La noche del impacto Mois vagaba por cerros aledaños a la gran cumbre con una pequeña partida de diestros cazadores. El hambre, el frío y el temor de volver con las manos vacías los atenaza. La magna luminosidad en el picacho de las mas alta cumbre los mantuvo paralizados y arrobados, entre el miedo y la fascinación. Postrados en el suelo fluyen a sus desesperadas mentes los antiguos escritos que musitan con rustica intensidad.
III
Mois habló y habló bien, al decir del grupo. Dijo con voz profunda y angustiada: Es un aviso. Recordad las viejas escrituras de los ya muertos. Un día un rayo de luz impactará la más alta cumbre. Será la séptima estación después de la gran lluvia. Miró, ensimismado, a su escasa concurrencia, como quien busca respuestas muy adentro de si mismo, y exclamó: ¡Esta escrito!. La gran burbuja de luz estallará en la cúspide de la gran cumbre estando, Om, la luna en tránsito retrogrado y decreciente a través de la constelación de La Virgen, la constelación del Arquero hacia la de Los Gemelos, ved la bóveda estrellada, ¡tal como lo dicen los ancestrales manuscritos!, volvió a exclamar como un poseso. El eco repite su voz, por las grandes quebradas, con desgarradora letanía. En la luz alojada en la cumbre vienen las buenas nuevas, prosiguió Mois. El fin de las aflicciones de nuestro pueblo, volveremos a ser uno. Recordad lo que dijo el último anciano en su postrero clamor de esperanza, sus ultimas palabras, su ultimo aliento. Hoy la cumbre se nos revela. Guarda, del rayo de luz que vimos bajar, la buena nueva. Debemos partir allá y traerla para nuestra gente. Eso dijo y luego cayó en un hermético y contagioso silencio. Cabizbajos y esperanzados se dirigen al pueblo. Allí comunicarán la buena nueva que les ha sido revelada y el gran desafío que la montaña y el futuro les depara.
IV
Lud, la pragmática, inquisitiva y hermosa compañera de Mois y Med, su adolescente y única hija, escuchan con inquieta resignación los argumentos que Mois entrega al pueblo que, expectante y en silencio, escucha en torno al gran fogón comunitario al que perciben como el mas sabio. Sienten que, a pesar de errores, no los ha defraudado. Asienten cabizbajos y con reverencia sus palabras y la selección que hace de los cuatro que lo acompañaran hasta la alta cumbre a buscar el enigmático mensaje que dejó la burbuja de luz. Ante la expectación del pueblo, Mois y los cuatro elegidos se retiran dirigiéndose al lugar mas sagrado del pueblo Ngye. Allí en una construcción rocosa, abovedada y de intenso color blanco se encuentra la vara sagrada aquella que jamás toca el suelo. Mois, degolla un Jejen, rarísimo gusano de gran tamaño y de sangre fosforescente con la que riega la entrada al santo recinto en señal de ofrenda. Ingresa solo y desnudo y toma con su mano izquierda la gran vara sagrada. Una vez fuera los cuatro forman una medialuna que imita a Om, su luna en creciente, y durante horas lanzan agudos cánticos y loas.
Todos, en el pueblo, inflamados por la buena nueva vuelven a sentir el calor de la unidad en torno a una gran causa y comparten sus escasas pertenencias para equipar a los viajeros. Estos deciden partir antes de que Uoc, su sol, salga por sobre el horizonte. Difusas estrellas corren tiritando de la emergente claridad de Uoc. La salida del gran valle en el aire helado de la mañana, para los curtidos caminantes, es tarea fácil. Ven desde los cerros aledaños, el trémulo brillar de las fogatas en el ya distante pueblo y el sendero de tres huellas que cada uno de ellos va dejando en el húmedo suelo matinal. Pronto el silencioso cuarteto asciende las suaves laderas de los cerros que circundan la gran cumbre. Matorrales, musgos y arbustos rastreros van ganando presencia en la medida que van alcanzando alturas mayores.
V
Súbitamente Loj, uno de los viajeros, cae al suelo derribado como por un rayo. Las privaciones le han pasado la cuenta. Su cuerpo, en la muerte de Ulsthar, se ha reducido a un tercio de su tamaño. Mois y los demás entonan lúgubres cánticos en la soledad de la montaña. Pronto el cuerpo de Loj arde espontáneamente con llamas azules que rápidamente lo reducen a una ceniza amarilla que es desperdigada por la ventisca de la montaña. Mois y los dos restantes de la partida juntan sus flexibles manos sin dedos y en un desafiante juramento prometen apoyarse al logro de su cometido. Días y noches de sobreesfuerzo físico, casi sin hablar y frugal comida, se suceden interminables. Al amanecer de la tercera noche y antes de que Unka, extraña ave de las montañas, repita tres veces su agudo y monótono canto, Mois cae en prolongado trance. Fluyen de su boca a borbotones y con desgarradora voz los viejos versos de las adoradas escrituras. Conmocionados sus compañeros de viaje solo atinan a protegerle haciendo mas honda su comunión. Mois agotado cae en profunda somnolescencia. Los del grupo postrados y consternados ante Mois vigilan su sueño. Las desgarradoras evidencias físicas en Mois del brutal peregrinaje, la fe en lo desconocido y las secretas interpretaciones que cada uno le da, los provee de la fuerza necesaria para continuar. La escarpadura ofrece tenaz resistencia al avance. El frío parece suspender la vida. Rog, uno de los extenuados caminantes, recuerda entristecido al gran Loj, apodado “el veraz”, mientras cabizbajo sigue el sendero de tres huellas que hace Mois al caminar, ¿por qué será que la verdad es la primera victima al acometer grandes desafios?. Rog es un escéptico.....Mois no lo comenta pero ha percibido la duda de Rog en sus actitudes y en el color rosado y apagado de su mirada monocular.
VI
Mois ordena armar el último campamento provisorio antes de la escalada final a la cumbre. Deja en vigilia a sus dos compañeros y sale a explorar las mejores rutas. Rog y Krieg se miran sin hablarse hasta que Rog rompe el silencio. Dice: la muerte temprana de Loj es un mal aviso y Mois lo sabe. ¿Crees tú lo de la burbuja de luz? ¿O solo evadimos nuestras calamidades sin querer enfrentarlas?. Es allá con nuestro pueblo donde debemos estar y resolver nuestros problemas. La árida montaña es solo eso, un gigantesco y estéril pedazo de roca. Nada habrá en ella para nosotros y si quizás la muerte. ¡Pero yo vi la burbuja de luz y tu también!, exclama irritado Krieg. ¿No hemos de creer lo que vimos?. Tu juraste lealtad a Mois. Has visto como la burbuja de luz se comunica con todos a través de el.... Tu palabra....Si tu no quieres seguir dile a Mois y vuelve. ¿Piensas tú que Mois dejara que vuelva así como así ? ¿Qué nuestro pueblo se entere de que todo esto es un absurdo? ¿Uno fabricado a la medida de Mois?, pregunta Rog. Mois agazapado y en la penumbra a escuchado el sigiloso diálogo. Finge llegar agotado y sin hablar busca su lecho en la roca dura. Al amanecer Krieg es despertado por el frío y la intensa luminosidad de Uoc. Busca a Rog y no lo encuentra. Mois parece dormir profundamente y cerca de él la gran vara sagrada, la que jamás debe tocar el suelo, luce olvidada y salpicada de extrañas magulladuras e indefinidos manchones en uno de sus extremos. Krieg aún adormecido decide partir tras el aparente fugitivo. Sigue una ruta que le parece sospechosa por la irregular marca de huellas, que a ratos es de tres y luego de seis y finalmente solo de tres, las que desaparecen en un alto promontorio que bordea una inmensa y rocosa quebrada de extrañas y largas vetas amarillas doradas. Krieg no advierte que en la parte inferior del promontorio, salpicado de abundantes manchas verdes, se encuentra una sospechosa acumulación de ceniza amarilla que el viento de la montaña aún no esparce. Frustrado decide volver al campamento e informar a Mois. Este, sorprendido, musita frases tales como “solo para algunos esta reservada la verdad” y logra que Krieg ceda su insistencia, de una pronta búsqueda, ante el imperativo de alcanzar el mensaje de la burbuja de luz. Mois se fía de Krieg, su lealtad es a toda prueba y las más de las veces lo ha demostrado. Aún recuerda aquella vez que ante el ataque de los Hofka en el pantanoso valle Meikita, Krieg aceptó, a petición suya, ser cebo para una trampa que él ideó. Allí Krieg perdió dos de sus brazos en la demencial batalla lo que no fue impedimento para que se transformara en uno de los mejores cazadores del pueblo. Krieg aún desolado por las muertes trata de comprender la obsesión de Mois. Casi no lo reconoce. ¿Qué queda del protector y servicial guía?. ¿Es qué hay otro motivo, más oculto, de esta trágica aventura?. Al valle del infortunio, donde esta el pueblo, llegaron por supuestas visiones de buena aventuranza de Mois y no dudaron, pero la suerte les ha sido esquiva ya hace cuatro estaciones de Yup, su lluvia, y siempre han creído que ahora si y una vez mas a sido no..... Krieg pregunta con aspereza a Mois ¿cómo reconoceremos la buena nueva que la burbuja de luz nos trae?, las escrituras solo mencionan el momento de su llegada, ¿lo sabes tú?. Este reacciona con inesperada furia y violencia gritando fuera de si ¡No lo se!, ¡No lo se! y, con la vara del árbol mas sagrado, símbolo de la unidad del pueblo Ngye, golpea con brutalidad a Krieg que se precipita a una profunda quebrada rocosa......
Mois trastornado asciende por los venudos , duros y ásperos flancos de la montaña que parece palpitar con hondo ritmo. El aire es inhalado con desesperación por su único, dilatado y enrojecido orificio nasal que no logra atenuar el acompasado vaivén de la subida y la fatiga.
El ambiente se llena de pronto de antiguos olores y sonidos, de torbellinos de mil sensaciones que claman inicios o finales de incomprensibles eras.
En el alto picacho, ya próximo, una gruesa viga de rocas que con suave declive se extiende ante su vista. El temor lo invade, temor indefinido, como aquel que se siente cuando las explicaciones se acaban y se esta desnudo ante lo desconocido pero anhelado y de carecer del impulso necesario para traspasar esa barrera, que la montaña como un gran animal dormido súbitamente despierte y cual insignificante pedrusco nos haga rodar ladera abajo hasta un fondo de nunca acabar. Sudor, los músculos tirantes, la respiración agitada y el corazón que amenaza con romper el pecho. Con frenesí se agolpan en la mente y el corazón de Mois las verdades, aquellas que trajo la gran burbuja de luz. La cumbre ya le pertenece. Un poderoso temblor lo sacude con violencia. La pupila de su único ojo se dilata en anhelante búsqueda. ¿El paraíso?,¿la felicidad?,.... Su cuerpo y su mente, extenuados mas allá de todo límite, casi no obedecen.
VII.
Como único sobreviviente, del grupo inicial, se yergue en el picacho de las más alta cumbre Mois, apoyando su debilitado y pálido cuerpo en la gran vara ceremonial que nunca debe tocar el suelo. ¡La zona de la gran burbuja de luz se extiende ante su vista!. Cientos de miles de fragmentos metálicos plateados bañan el roquerio. Una gigantesca y profunda depresión de bordes de color de sangre arrastra la atención de Mois. Ya en su borde mira su interior. Un estremecimiento lo sacude y exclama espontáneamente: ¡De este osario surgirá vida y esperanza!. De pronto fija su vista en un pequeño, plateado y brillante recipiente cilíndrico ubicado casi al centro del monstruoso cráter. Mois desciende con cautela y trabajosamente por las escarpadas laderas del profundo cráter. Atemorizado y con la vara sagrada hecha del árbol mas sagrado, Ut, toca el extraño cilindro. Al contacto de la vara este se abre y comienza a desplegar su contenido, emitiendo un zumbido que hiela la sangre. Sorprendido y aterrorizado Mois huye escalando desordenadamente las laderas del cráter. Una roca suelta lo hace rodar hasta el fondo. La violencia de la caída lo deja inconsciente. Al amanecer, Mois aún aturdido y confuso se levanta. Ve que donde estaba el extraño cilindro aparece desplegada una rara sustancia de bordes irregulares que es como un gran trozo de Krug, su anaranjada agua, conservando, suspendida, sorprendentemente su forma. En su interior flotan símbolos y extraños seres animados que la afiebrada mente de Mois escucha emitir extraños sonidos, los que traduce a sus familiares símbolos y sonidos, musitando: el mensaje, el mensaje...........que llevaré a mi pueblo. Recita con voz ronca y angustiada:
La creación es una despensa limitada de especies de todos, como aquellas que, estando en el fértil valle costero de Or, lo maravillaron..... frutos, peces, trigo, vino.....
Las especies se deben valorar, como cuando transaron especies con el pueblo de los Ananitas si bien nunca lograban colocarse de acuerdo del todo por esa enfermedad de querer más y por menos...
Las necesidades de especies pueden ser hábil e interesadamente desbordadas, lo que afecta su valoración y recuerda al pueblo eternamente endeudado, glotón e insaciable de placeres de los Utitas
Pensar y sentir son especies superiores, distribuidas azarosa y mezquinamente, actuando unidas mejoran todo y recuerda que, en su errar por tantos territorios y pueblos distintos, eran frutos no sujetos a moneda alguna y en correspondencia con lo que se dice aunque fuera doloroso...
Estos serán los escritos mas sagrados traídos por la burbuja de luz venida desde lo mas profundo del cielo. Fuente y verdad. Un cambio drástico para su pueblo. Un buen cambio. Vida nueva. Verdades nuevas.
Pacientemente y usando como cincel las mismas rocas de la cumbre Mois escribe las nuevas verdades reveladas en un trozo de piedra plana. Si, piensa alborozado, encontraran la forma de vivir según ellas y conciliarlas con sus tradiciones mas veneradas.
VIII
Antorchas que brillan sin calor y humo iluminan la noche del pueblo de Ngye. Música y danzas por doquier. Aromas estimulantes y aletargadores despiertan extraños deseos. Mois sorprendido no entiende el jolgorio. Calles desbordadas de objetos que son disputados bestialmente. Aceitosos alimentos que ansiosa y glotonamente son devorados. Sus compañeras hebrias y desnudas yacen en brazos de informes desconocidos. Su hija pequeña Med vocea desnuda junto a muchas mas, su cuerpo, subastándose a una muchedumbre jadeante, aceitosa y envilecida. Se transa febrilmente, en todas partes, por extrañas monedas que parecen haber atrapado su sol, Uoc, toda suerte de raras mercancías. Desesperado Mois corre al que es su hogar. Su compañera Lud explicará todo. Traspasa la puerta angustiado y sintiendo su pecho abrazado por la desesperación. El silencio y la soledad de la habitación lo golpea cual descomunal mazo. Se dirige a aquel antiguo y adorado lecho de su única compañera, la de toda la vida y de su única vida y lo saluda un arrugado escrito tirado sobre el lecho que dice: “Otros pueden querer lo que tu también quieres y tienes”….. Derribado como por un rayo grita enloquecido: ¡No !¡No puede ser!¡No!. Su ronco lamento pasa desapercibido ante la furia del jolgorio. Suenan trompetas, tambores y aullidos y de fondo un monótono compás que repite en su lengua ¡tu por todo!, ¡tú por todo!. Enloquecido, Mois, rompe las sagradas escrituras que trabajosamente talló en la piedra y huye desesperado a la serranía desierta.....En el amanecer de un día nuboso, distante en la gran zona de las quebradas, el viento helado de la mañana termina de disipar un ya extendido montículo de polvo amarillo que tiene estampadas unas huellas bípedas de un calzado jamás visto....
viernes, 25 de enero de 2008
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1 comentario:
Un muy ben cuento.
Ester relato me hace recordar los cuentos de gakladonados con los premiosd HUGO: Entretenido manteiene al lector siempre antento a un nuevo desenlace
El autor muestra gran creatividad juntando varios iconos, pero al mismo tiempo creando nuevas hebras en la historia.
Mis felictaciones por un cuento cautivante, bien escrito, que mantiene al lector espectante por una nueva historia.
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